Landa
Curaduría:
Franklin Aguirre @_cosmofrank_
Artistas
Colectivo arte y conservación: Paula Andrea Romero y Emmanuel Laverde @arteyconservacion_
Gina Daza @ginadaza
La experiencia propia de recorrer el páramo ubicado en Ventaquemada Boyacá, exactamente en la vereda de Bojirque sector la piñuela es algo que he hecho desde hace muchos años, ya que mi familia materna es de este lugar. En este que es mi lugar, los árboles empiezan a tener tamaños reducidos, encontrando pequeños arbustos que abren paso a diferentes tipos de rosetas las cuales hacen parte de la familia de los frailejones, cuya importancia es vital para el planeta. Dentro de los aspectos relevantes de estas plantas se destaca su forma de protección hacia ella misma, ya que, cada capa de hojas muertas en vez de caer al suelo se queda pegada a su cuerpo para brindarle una barrera protectora de los duros climas del páramo, brindar nutrientes y escudar el interior del tallo que es la prioridad.
En este recorrido encontré un lugar en el cual descansar, ahí, al sentarme y dar un vistazo del panorama, detalles como la luz del sol filtrándose a través de la neblina, la variedad de tonos azules y violetas, el susurro del viento entre las plantas componen una sinfonía visual y sonora que me envuelve en un estado de serenidad, en estos momentos, mi mente se libera de las preocupaciones y me sumerjo en la simplicidad de la existencia, permitiéndome descubrir verdades ocultas en el silencio y llegar a puntos de reflexión donde logro sanar de eventos de mi vida que han tenido repercusiones importantes.
Desde este punto cercano de mi relación con estos ecosistemas, surge esta metáfora donde tienen relación los incendios de principios del 2024 en el páramo de Berlín en Santander, donde más de 300 hectáreas de este complejo natural se quemaron. El lugar generaba una visión desgarradora asemejándose a una imagen en blanco y negro donde solo se percibían los frailejones quemados, el suelo con escombros, plantas incineradas y el cielo de fondo totalmente gris. La vida se había perdido.
Casi un mes después de este suceso se evidencia que el interior de estas plantas está vivo aún, gracias al mecanismo de defensa que tienen los frailejones su interior logra estar a salvo y esto se refleja con pequeños brotes de vida y color sobre un panorama desesperanzador.
La desconexión con lo que nos rodea, la tragedia, el dolor, la destrucción se ven opacadas ante este acto de resiliencia, esta es una metáfora donde se evidencia con claridad, la fuerza de la vida y la capacidad de sanar nuestras propias heridas. Es un símbolo a la esperanza inigualable donde recordamos lo frágiles que somos, pero también que cada vivencia es como la armadura de los frailejones, es una capa que nos permite querernos, cuidarnos y sanar para seguir creciendo ante cualquier adversidad.



18 al 27 de Septiembre


