Gustavo Vejarano
Viento De Primavera
De la exposición Silencio y materia curada por Jorge Pietrowski
En Taganga, después de las 4 de la tarde hay un cambio casi imperceptible en el ambiente. Un silencio se insinúa y de súbitamente los cantos de los pájaros se oyen más nítidos. La luz, cálida, empieza a acariciar las formas dándoles relieve y presencia. El sol ya no muerde inclemente sino se toca con gracia y sientes el placer de ser iluminado. La naturaleza se afana en terminar sus quehaceres para acomodarse a la noche que se acerca silenciosa. Un par de horas más tarde el sol, al ser tragado por la noche, lanza sus rayos y dardos de luz que iluminan el mundo en una explosión de luces que inundan el cielo, cambiando constantemente en los colores más increíbles y maravillosos.
Es mi costumbre hacer mis prácticas de yoga en la terraza del taller al atardecer, para dejar el día y acomodarme a la noche. Así que, durante mucho tiempo mi mente se llenó de estas imágenes y nació en mí el deseo de buscar esa forma y color. Un día decidí dejarme llevar por ese impulso y me lancé a esta nueva exploración. En ese momento una nueva dimensión se apropió de mi pintura.
Lo que antes era una forma contenida, explotó. Se desvanecía en los fluidos de la mancha, en los ríos de color que se mezclaban creando tonos inesperados. La luz y la sombra se enfrentaban dándose vida mutuamente, imitando los movimientos de los cielos.
Los atardeceres, día tras día contemplados, abrieron los poderes del ocaso, la puerta de la noche, de lo desconocido, de lo oscuro, de lo potencial, donde el alma regresa a la nada, que me poseyeron.
Los siguientes meses fueron de creación sin fin. Como los materiales se terminaban pronto, acabé pintando las telas por ambos lados. Trabajé grandes formatos, cielos inmensos. El taller se llenó de obras en proceso, obras que se transformaban radicalmente día a día, en cambios sin fin.
Esta época fue maravillosa para mi pintura. El hecho de estar sumergido en la creación durante meses, me llevaba a un estado de felicidad y asombro ante lo que aparecía sobre la tela. Y también de perplejidad… Lo que veía manifestarse era lo que los pintores de todos los tiempos han buscado y que yo, en mi afán de dar forma a lo invisible, había rehuido: la luz, el espacio, la profundidad, la atmósfera.
De vuelta a la casilla 1. Tengo que volver a aprender a pintar. A investigar las mil formas, fórmulas y técnicas para lograr ese espacio profundo que mis antepasados cultivaron. Es una línea muy delgada en la que una mancha se vuelve forma y yo quería mantenerme en el espíritu fresco y espontáneo de la mancha sin referencias figurativas.
Sin embargo, la magia de la mancha es que se presta a las mil interpretaciones de nuestras mentes. Las obras que acompañan esta exposición son para ser contempladas, imaginadas apariciones, en la mente de quien observa.



18 al 27 de Septiembre


