Desnudos De La Tierra
Curaduría:
Curador X
Artistas
Blanca Moreno @blancamorenoartista
Jenaro Mejía @jenaromejia
María de la Paz Ariza
Haber permanecido toda una vida en la naturaleza no produce repetición. Produce diferencia.
Hay quienes se acercan a la naturaleza para representarla. Otros deciden quedarse en ella.
Estas obras son el resultado de un proceso consciente de depuración. Donde lo accesorio se elimina. La naturaleza deja de ser aquello que se observa y pasa a ser aquello desde donde se piensa.
Los tres artistas comparten un punto de partida: una relación sostenida con el mundo natural. Lo que cambia es la forma en que esa relación se vuelve lenguaje. Y lo que cada uno ha tenido que abandonar para encontrarlo.
En la obra de María de la Paz Ariza, el paisaje se disuelve en atmósfera. La montaña, la niebla, la luz del amanecer dejan de organizar una vista y pasan a construir una experiencia interior. Su pintura no documenta el territorio andino: lo habita. Cada veladura, cada transición entre planos, es una forma de atención que transforma el motivo en materia viva.
En Jenaro Mejía, la naturaleza se afirma. La superficie pictórica se densifica hasta suprimir cualquier vacío: no hay fondo ni jerarquía. Todo insiste con la misma urgencia. Pintar una planta con la precisión de quien la conoce y la reverencia de quien la ama es, en sí mismo, un acto político. Su obra no es denuncia. Tampoco celebración. Es una ética de la mirada. Una declaración de que la biodiversidad no es recurso, sino presencia.
En Blanca Moreno, la naturaleza se organiza como sistema. Las formas no están aisladas sino vinculadas: cada hoja, cada animal, cada elemento del bosque existe en relación con los demás. La acuarela no fija: disuelve los bordes, deja que la figura se pierda en el fondo y convierte la técnica en argumento. Lo que se ve no es la selva representada. Es la selva como lógica.
Tres caminos, un mismo territorio En ningún caso la técnica aparece como demostración. La ejecución es precisa porque ya no está en cuestión: saber hacer y saber ver coinciden. Cada decisión —la veladura de Ariza, la saturación de Mejía, la capa monocroma de Moreno— es una forma de entender lo que se pinta. No de mostrarlo.
Desnudo no es punto de partida. Es punto de llegada. Lo que queda cuando el tiempo ha hecho su trabajo: cuando ya no queda ornamento, ni distancia, ni necesidad de demostrar. En Ariza, la forma se disuelve. En Mejía, la superficie se ocupa sin exceso. En Moreno, cada elemento se vuelve necesario. Es despojarse conservando sólo lo esencial.
La tierra no aparece aquí como paisaje. No es fondo. Tampoco escenario. Es condición. No se la observa desde fuera. Se trabaja desde dentro. Lo que esta exposición presenta no es la naturaleza. Es lo que ocurre cuando permanecer en ella se convierte, en pertenecer a ella.



18 al 27 de Septiembre


