Jerónimo Villa
KORA
La instalación propone un tránsito hacia adentro: un muro circular, áspero y envolvente, forrado en limadura metálica, delimita un espacio en cuyo centro se encuentra una superficie de lija y fósforos dispuesta como una espiral contenida. El muro se levanta como frontera y cerco, un umbral que, aunque se erige con severidad, concede un único acceso. Al atravesar esa abertura, el espectador ingresa en un recinto de abrasión y silencio, donde la obra de piso se presenta no como monumento, sino como experiencia circunvalante en sí misma.
En el budismo tibetano, kora es la práctica de rodear un objeto o lugar sagrado como gesto meditativo. Aquí, ese gesto es absorbido por la materia: la lija y la limadura, materiales que desgastan y transforman, encarnan la fricción del pensamiento y la resistencia del cuerpo. La obra no es el objeto del rito, sino la manifestación material de la peregrinación misma: un kora estático que contiene en su espiral la energía del movimiento repetido.
El muro circundante intensifica la paradoja: dividir y proteger, aislar y convocar. Su aspereza crea una tensión entre repulsión y atracción, entre el impulso de apartarse y la necesidad de atravesar. En este límite abrasivo, el visitante confronta la condición de los márgenes: aquello que separa también invita a habitar, a girar, a rozar.
La instalación en su conjunto se vuelve metáfora de la experiencia interior: una meditación materializada donde la división no es solo obstáculo, sino invitación a experimentar el roce con los propios bordes. El espectador es llamado a ingresar, a rodear en silencio, y a reconocer en la fricción de los materiales la posibilidad de transformación.



18 al 27 de Septiembre


